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Felicitación a Magoga

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  • lunes, 17 de diciembre de 2018

LA VERDAD. El paso sábado 8, día de la Inmaculada, en nuestro colegio, El Patronato, la Asociación de Antiguos Alumnos, los Hijos de María y la recién creada Asociación Aspatronato, celebramos tan importante festividad en compañía de las tan queridas Hermanas de la Caridad. Y después de la Santa Misa, celebrada por Kini Ferrando y Víctor Ferrández, procedimos a degustar el típico chocolate con bollos, acompañado de una copita de vino dulce, en amena tertulia entre viejos alumnos y amigos, mientras, de fondo, sonaba angelicalmente el Coro:
«la cinta azul por bandera,
por coraza una medalla,
María Gómez y Adrián de Marcos cumplen el sueño de regentar su propio establecimiento En solo tres años, se ha situado entre los mejores restaurantes de la Región de Murcia
y el pensamiento en lo Alto,
tras el ideal del alma,
van los Hijos de María,
de Cartagena esperanza,
pregonando las virtudes
de María inmaculada...».
Durante las más de tres horas que permanecí en nuestro antiguo y gran colegio, varias veces me vino a la mente la idea de lo pequeño que hoy me parecía aquel patio donde antiguamente jugábamos, hasta que pude concluir que no era el patio el que se había hecho pequeño, sino que éramos nosotros, aquellos pequeños alumnos, los que nos habíamos hecho grandes. A la hora de la despedida, quedé con dos de ellos para ir a comer, acompañados ya de nuestras respectivas señoras, y seguir deleitándonos con esos recuerdos en el singular restaurante Magoga (Plaza Doctor Vicente García Marcos, 5).
Nuestra Trimilenaria es uno de los lugares más mágicos del mundo. Punto de encuentro entre diferentes culturas, aunando el mar Mediterráneo con la Sierra Minera. Y precisamente aquí ha sido donde María Gómez y Adrián de Marcos han encontrado su lugar, para dejarse llevar por la pasión y los deseos y hacer realidad sus sueños. En esta esquina del Mediterráneo, han encontrado tesoros en forma de materia prima: el campo, la sierra y el mar, con los que defender su mirada para visualizar nuevos horizontes gastronómicos, descubriendo a sus clientes una experiencia única: la de vivir inspirados por todo lo que les rodea y soñar con que el mar y el campo se encuentran y se besan en la cocina.
En la prensa nacional podemos encontrar ya valoraciones del local: «Magoga, Cartagena en el mapa»; «fuera de serie Magoga», «Magoga, apuesta de altura»; «Magoga, cuando el sabor enamora»; «De lo mejor de Cartagena». Y no es de extrañar, ya que hablar de Magoga es hablar de saborear selectos productos de temporada, trabajados con alma gastronómica. Allí confluyen la elaboración tradicional con técnicas de alta cocina, acompañándose siempre de un servicio elegante y detallado. Con tan solo tres años de vida, Magoga ha logrado convertirse en uno de los mejores restaurantes de la Región de Murcia. Visitar Magoga es vivir una experiencia gastronómica y sensorial única.
María Gómez, una de las artífices de este éxito, es el alma de Magoga. Nacida en Fuente Álamo, creció siempre con un sueño en mente: ser la chef de su propio restaurante. Para ello trabajó duro, formándose en la escuela Aiala de Arguiñano y en el Basque Culinary Center de San Sebastián. Después, compartió cocina con grandes chefs, como Ferrán Adrià y Juan Mari Arzak. Con la experiencia adquirida en esas cocinas, decidió emprender su propio camino.
Escuela de Adrià y Arzak
Y así es como comenzó la andadura de Magoga, junto a Adrián de Marcos, el otro componente del binomio que, podríamos decir, ha pasado a convertirse en el corazón de Magoga. Nacido en Madrid, este enamorado de la cocina se formó también como técnico de gastronomía en la escuela Aiala, en Zarautz (Guipúzcoa). Durante su larga trayectoria profesional, ha trabajado en los mejores restaurantes de la capital y del norte de España, decidiéndose finalmente a cumplir su sueño de abrir su propio restaurante.
Antes de relatarles las virtudes del menú que pudimos degustar en Magoga, quiero aprovechar esta ocasión para felicitar por partida doble a esta pareja. Primero, por la llegada de su hijo Francisco, segunda generación Magoga; y a Adrián en especial por su reciente galardón como Mejor Sumiller del año, premio que le fue entregado el pasado lunes en el Auditorio Víctor Villegas, durante la gala de la III Edición de los Premios de Gastronomía, convocados por 'La Verdad'.
Pero volviendo al condumio, siguiendo la recomendación de Adrián elegimos un menú degustación con platos a compartir, sin plato fuerte final. Comenzó con un detalle del chef, consistente en una flor de novia salada y un mini explorador en barrita. Continuamos con una ensalada de bogavante a la brasa con tomate, physalis y ñora, a la que siguieron unos boletus edulis, mollejas de ternera y patatas al pimentón, un ceviche de Corvina con toques de nuestra huerta y unas verduras del Campo de Cartagena a la brasa de encina, con huevo de corral.
Y así, sin prisa pero sin parar, continuamos con un tartar de atún rojo con emulsión de mostaza y soja. Luego, una raya con su torreznos de raspa y unos callos de bacalao guisados, seguidos de un steak tartar de buey cortado a cuchillo con crema de huevo frito y trufa de otoño rallada en plato. Y, para terminar, unas manitas deshuesadas y una sardina ahumada en su propia salsa al comino, ligeramente picante.
De la carta de vinos, con más de 300 referencias y más de 90 denominaciones de origen distintas, capaces de adaptarse a todos los paladares, Adrián nos recomendó que probásemos un Viñas del Gain tinto. Y de postre, una selección de quesos de su ya famoso carro de quesos, en el que se puede encontrar los quesos más especiales de Europa. Es una selección de 50 variedades nacionales e internacionales, que varían en función de la estación que elijas, con referencias a afinadores franceses y productores locales casi inaccesibles que, acompañados del maridaje perfecto y el pan artesanal de masa madre que ellos utilizan, se convierten en el broche final del más exquisito menú.
Quesos de nivel 10
Para nosotros, preparó un plato con cinco variedades, que iban de suave a fuerte y que les aseguro que estaban a un nivel de 10. Con ellos, nos terminamos la tercera botella de vino y otra copa de un vino que Adrián nos dio a probar y que maridaba de lujo con los quesos. Tras los cafés, abrimos una botella de cava Recaredo Reserva Particular 2004, para hacer un brindis muy especial por Francisco y Adrián.
Y termino hoy con una reflexión muy apropiada para estos momentos de final de año, en los que todos hacemos balance: «La vida es como un libro. Algunos capítulos son tristes, otros felices, otros excitantes. Pero sin nunca vuelves la hoja... nunca sabrás lo que el próximo capítulo depara».


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